Hace varios años Julián (nombre figurado) se presentó en el despacho con dos bolsas llenas de papales, una iba lleva de facturas de proveedores y la otra iba llena de documentos bancarios. No estaban ordenados, simplemente los había metido en una bolsa al montón y se había ido a buscar ayuda, porque la necesitaba.

 Julián tenia una empresa en el norte de maquinaria pesada de movimiento de tierras,  como muchos empresarios del sector no fue capaz de prever la crisis. Cuando la carga de trabajo fue disminuyendo, en un intento de huida y no afrontar la realidad se sobreendeudó con los bancos garantizando los posibles impagos con las grandes apisonadoras amarillas que usaba para aplanar los caminos.

 Pero su camino no estaba aplanado como las autopistas que ayudaba a construir, las ejecuciones bancarias y las reclamaciones de los proveedores estaban a la orden del día, el trabajo seguía bajando de una manera vertiginosa y la empresa entró en quiebra, actualmente concurso de acreedores. 

 Buscando nuevos aires se trasladó a Alicante para empezar una nueva vida empresarial, el emprendedor siempre está en busca de nuevos negocios, nuevas empresas, nuevos proyectos.   Constituyó una empresa de prestación de servicios, en un sector con poca competencia y con un mercado potencial muy grande.

 Pero no es tan fácil para un empresario desaparecer y aparecer como hacían los ojos de Guadiana, cuando has cerrado una empresa de forma precipitada y dejándote llevar por las circunstancias externas, los fantasmas del pasado vuelven a visitarte.

 Y lo visitaron en forma de Declaración de responsabilidad tributaria por el impago de las deudas con el fisco  de su anterior empresa. Hacienda entendía que Julián era responsable del impago de las deudas tributarías de su antigua empresa y que, por lo tanto, tenía que hacer frente al pago de las mismas con todo su patrimonio personal. Su patrimonio era su casa, su choche y poco más.

 Ante el impago generalizado, Hacienda embargó su casa, todas sus cuentas corrientes, dificultando sobremanera la realización de cualquier actividad al económica.

 Y así se presentó en mi despacho hace unos años, con dos bolsas de facturas por contabilizar, y una declaración  de responsabilidad por importe lo suficientemente elevado como para no hacer frente a la deuda.

 El plan era claro, por un lado impugnar la declaración de responsabilidad tributaria ante los tribunales de justicia y por otro lado, organizar la contabilidad  de la empresa, mediante la creación de un plan sistematizado y orientado a ordenar los procesos de gestión internos, Julián se dedicaría a buscar clientes y prestarles servicios y nosotros a enseñarle a llevar la gestión diaria de la empresa.

 Pasó el tiempo y el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana dictó sentencia en la que conseguimos que se declarara que Julián no era el responsable del impago de la deudas tributarias de su antigua empresa y que por lo tanto, no tenía que hacerse cargo de las mismas. En ejecución de la Sentencia, a Julián se le devolvió todo el dinero que le habían embargado durante estos años de sus cuentas corrientes y lo más importante, se levantó el embargo de su casa.

 Creo que  fue uno de los días más importantes en su vida como empresario, ya que tanto él, como su familia me sonreían agradecidos mientras les explicaba las consecuencias legales y económicas de la sentencia estimatoria del alto Tribunal valenciano.

 Pasó el tiempo y la empresa se fue convirtiendo en un líder de su sector, fueron creciendo de una forma rentable y ordenada, fueron contratando a más trabajadores. Sistemáticamente nos reuníamos todos los cuatrimestres para repasar como había ido los meses anteriores, cuáles eran las expectativas, repasar los números, preparar los presupuestos y ajustar los objetivos a medio y largo plazo.

 Fueron reuniones muy productivas ya que ambos nos enriquecíamos mutuamente de nuestras experiencias y nuestros conocimientos.

 Hasta que un día, una multinacional norteamericana con sede en España llamó a su puerta porque estaban muy interesados en cómo habían estado haciendo las cosas estos años y sobre todo, por su cuota de mercado, ya que en una parte muy importe del territorio nacional no tenía apenas competencia.

 Los norteamericanos le manifestaron su voluntad de iniciar conversaciones para adquirir la empresa, y así empezó toda la parafernalia habitual en la compra de empresas, auditorías, cartas de intenciones, acuerdos de confidencialidad, due dilligence, precontratos, contratos, negociación de condiciones y precio.

 Estuvimos varios meses negociando con un despacho de Madrid, cada aspecto legal de la adquisición  era revisado por un profesional de una especialidad distinta de su despacho, fueron días intensos con viajes a Madrid cada dos o tres semanas.

 Enviaron un equipo de economistas para diseccionar las cuentas de la empresa, estuvieron tres días en nuestro despacho preguntando todo lo que se les podía ocurrir y más, la finalidad no era establecer el precio, sino para clarificar y entender las cuentas de la empresa, ya que el objetivo era comprar la sociedad y no la unidad productiva.

 A mediados de agosto, cogimos el tren por última vez a Madrid, nos sorprendió cuando llegamos a Atocha, no hacía un calor asfixiante, muy al contrario, se estaba muy bien. Una temperatura perfecta para vender la empresa que tanto esfuerzo le había costado levantar a Julián y traerse un cheque a Alicante con muchos ceros.

 Cuando voy a la Playa de San Juan de Alicante, y paso por la Albufera con el coche, alguna vez veo a Julián practicando su deporte favorito, el paddle surf. Las aptitudes como punto de partida, las actitudes ante el manejo de la tabla y el remo son una metáfora perfecta de cómo ha sido su vida empresarial.

 Fue capaz de mantener el equilibrio en la tabla de surf ante un mar Mediterráneo lleno de olas con viento de levante.

 Me quedo con tres ideas:

 1º Tanto Julián como el comprador necesitaban tener un mayor control de las cuentas de la empresa.

 2º Nunca hay que dar la batalla por perdida. Cuanto peor parecía que estaba la situación, más empeño puso en salir adelante.

 3º En los últimos años como empresario, Julián tuvo claro cuáles serán sus objetivos, trabajó con objetivos concretos que le permitieron tener unos parámetros con los que medirlos.

Foto. Michael Henry - https://unsplash.com/photos/Utwq3ptiUX8